El marketing de guerrilla agrupa acciones no convencionales que buscan un efecto desproporcionado respecto a su inversión: sorpresa, atención, conversación y cobertura.
Su lógica no es comprar espacio, sino crear un hecho lo suficientemente interesante como para que las personas y los medios lo cuenten.
Qué lo define
Sorpresa: ocurre donde nadie espera una acción de marca.
Contexto: usa el espacio, el momento o la situación como parte del mensaje.
Contenido: hoy toda acción de guerrilla es también una pieza audiovisual. La mayoría de la gente no la vive en la calle: la ve grabada.
Por qué funciona cuando funciona
Porque la atención ganada tiene una credibilidad distinta a la comprada. Cuando un medio o un creador cuenta la acción por decisión propia, el mensaje llega con respaldo ajeno.
Los riesgos reales
Puede salir mal. Una acción sin permisos, que incomoda al lugar equivocado o que se lee como oportunista, genera conversación negativa con la misma velocidad con la que iba a generar la positiva.
Por eso se planea con el mismo rigor que cualquier otra campaña: permisos, logística, escenarios de reacción y plan de contenido y amplificación posterior.
Dónde encaja
Funciona mejor como parte de una campaña —conectada con contenido, creadores, medios y activación digital— que como una acción suelta que nadie sostiene después.